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domingo, 4 de marzo de 2012

El descanso de nuestro vuelo


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Todo vuelo requiere un instante de descanso. Para pensar, para retomar fuerzas, para alimentarse, para serenarse, para tocar tierra firme… para lo que fuera, siempre es importante asentarse un momento. Eso no menosprecia nuestra entereza como surcadores del aire, ni aquieta nuestras anhelos de plenitud; todo lo contrario. Refuerza y afianza. Y por sobre todo, ese descenso anónimo y necesario nos permite contemplar el camino recorrido al tiempo que adivinamos el que queremos transitar. Para ser dueños de nuestro propio vuelo, debemos aquietar las alas, aterrizar, pausar la existencia… el cielo nos promete mucho, tanto tormentas como bellos amaneceres, pero ahora es tiempo de respetar el sol que ya se pone y las nubes que mandan al compás del viento. Es tiempo (cada uno sabrá cuánto) de ser una sombre para iluminarse por dentro y así mimetizarse con la tierra… ya vendrá el instante en el que retomaremos el vuelo, fortalecidos y esperanzados en que se cumplirá el plan que llevamos a medio hacer… y sabiendo que seguramente habrá de un nuevo remanso para descansar en caso de necesitarlo.

jueves, 20 de enero de 2011

Dejemos las ojotas en la costa


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Nuestros pies son los que nos mueven, los que nos paran, los que nos mantienen en el camino, los que nos guían, los que nos llevan, los que nos traen, los que nos advierten, los que nos conectan con la tierra y la Tierra.

Sin embargo, son pocas las veces en las que están desnudos, vírgenes, inalterados. Los cubrimos de cuero, plástico o tela, con varias capas que lo aíslan (sí, lo protege, pero también lo aísla), y con suelas que los alejan de la textura natural del suelo.

Los pies acusan nuestros pasos, nuestros tiempos y nuestras prioridades. No es lo mismo calzarlos con un entramado de cuerdas y materiales muy difíciles de desatar, que posarlos y cubrirlos tímidamente con elementos que se despojan sencillamente. También nos delatan nuestros miedos y nuestras seguridades.

(Muchos de los placeres se hacen con los pies descalzos)

(¿Notaron la urgencia vital de un niño de sacarse su calzado?… Necesitan no perder el gusto de la tierra en sus pies… Necesitan ser libres….)

Es tiempo de dejar los pies desnudos, de redescubrir el sabor original del suelo, de sacarnos aquello que nos aísla de la tierra y de la Tierra.

Entonces, ¡dejemos las ojotas en la costa! ¡Pisemos la arena y recorramos el agua! ¡Entremos descalzos al placer del descanso!

viernes, 22 de octubre de 2010

Sabiduría yupanquiana


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