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viernes, 4 de febrero de 2011

Cuando todo se altera…


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Estamos solos, en el medio de un espectáculo dantesco. Somos privilegiados testigos de transformaciones, de cambios, de renovaciones. Tenemos la dicha de admirar aquello que acontece, inédito, encima nuestro. Sobre ello no tenemos poder, sólo podemos observarlo. Atónitos vemos que los claros se vuelven oscuros, las ligerezas se hacen más densas, los celestes inocentes se trastocan y aparecen los azules imponentes. Los amarillos y los blancos se dejan vencer por la luz que los enceguece. Arriba, aquellas nubes ya no lo son, y se parecen más a espesos algodones a punto de desprenderse del cielo… Todo es fascinante.

No sabemos exactamente qué pasa. Todo se altera, se reforma, se renueva.

Como somos simples observadores, sólo nos resta mantener la esperanza de que los cambios sean el comienzo y no el fin, el despertar y no el ocaso, el preámbulo y no el cierre, lo mejor y no lo peor, la vida y no la muerte.

martes, 7 de diciembre de 2010

El Cielo en el suelo


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No siempre podemos estar con la mirada en alto, caminando por la vida con la seguridad de que pisamos en tierra firme y que ningún obstáculo será imprevisto ni mucho menos limitante de nuestra marcha. En esos momentos en los que nuestra cabeza se inclina –por pena, por angustia, por cansancio, por entrega, por desinterés, por sinsentidos, por…- ahí es cuando se nos presenta un interesante desafío: encontrar la inmensidad en la pequeñez, la claridad en la penumbra, la salida en la profundidad, la bóveda en el sótano… en fin: el Cielo en el Suelo.

Eso que transitamos y de lo que no desprendemos nuestra desorientada mirada, se convierte imprevistamente en el reflejo de aquello que anhelamos. Nunca esperamos, en medio del fango oscuro, encontrarnos con un halo de esperanza contenido en un simple hueco. Pero así aparecen los signos de vitalidad, de repente, sin mucho estruendo y destinados a  cada uno de nosotros, con nombre y apellido.

Si nos permitimos estar cabizbajos, quizás allí, al ser conscientes de ello, estaremos comenzando a revertir lo que nos aqueja. Símbolo de esta transformación será que hallaremos el cielo despejándose justo frente a nuestros ojos perdidos en la tierra. La maravilla de este espectáculo nos hará, luego, erguirnos y mirar hacia lo alto.

- Viste… parece que el hueco tuviera forma de corazón…

- ¿Cuál? ¿Ese charco?

- No… ese que tiene el Cielo…

jueves, 14 de octubre de 2010

Una sonrisa me espera


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Cabizbajo. Meditabundo. Ensimismado en mis preocupaciones. Así arrastraba mis pies por el cementerio de asfalto, gris y nunca novedoso.

Todo tenía la maldita virtud de transformarse, sin prisa pero inevitablemente, en problemas, en enredos, en atascos, en situaciones insalvables.

Masoquista, me molestaban aquellas alegres y despojadas realidades que azarosamente se cruzaban por mi humanidad, pero no podía dejar de envidiarlas y de intentar –siempre en vano- recordar cuándo había tenido algo parecido.

Los sonidos se agudizaban y me ensordecían. Todo parecía una suma de gritos amplificados a propósito. Hasta el aleteo del picaflor provocaba estruendo.

Ojalá todo hubiera sido al menos negro. Sería un movilizante extremo. Así lo insulso y desesperante del gris habría sido desterrado. Y algo habría tenido algún sentido claro.

Se confundía la intranquilidad, la ansiedad, la impaciencia –todas extremas-, con la pasividad, la apatía, el desinterés –también extremos.

¿La vida?… Cada vez quedaban recuerdos más vagos y distantes de aquello que estuvo en su esplendor.

Las fuerzas se iban agotando. Las pocas que no habían decidido huir sin previo aviso.

Pero (siempre hay un “pero”… inclusive a pesar nuestro), algo o alguien –no recuerdo bien- hizo que levantara la mirada. Lentamente los ojos salieron de su letargo y se elevaron 180 grados, desde el suelo hasta el cielo.

Sin saber bien por qué, vi nuevamente, después de mucho tiempo, un color: era el celeste limpio de la bóveda. Y allí fue cuando vi la sonrisa que el destino tenía preparada para mí…

Hoy, lo gris se va pintando con diferentes matices de rojos, verdes y azules. Y de aquella desolada realidad me quedó una enseñanza: cada vez que los colores quieran desaparecer, sólo tengo que levantar la mirada y descubrir la sonrisa que seguro me está esperando.

sábado, 21 de agosto de 2010

Allí…


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Allí, justo allí, en medio de esa inmensidad de algodón, dentro de esa pureza tan contrastante, sostenido por la levedad de lo consistente, admirando la fragilidad que se hace fuerte cuando se condensa…
Allí arriba, en la cresta, donde el viento va moldeando suavemente, y pidiendo permiso, la forma de lo blanco, donde la paz, la sana quietud, la serenidad y largo suspiro de descanso se hacen realidad…
Allí, desde donde todo se ve diferente, desde otra perspectiva, sabiéndome dueño de lo que dejo detrás…
Allí, donde se reactivan las energías, donde las tormentas no llegan, y desde donde sale el agua que purifica…
Allí, donde uno puede volver a ser niño y jugar y rebotar y jugar y volver a rebotar… sin temor a caerse…
Allí, lejos de todo y cerca de todo, aislado pero en medio del resto, ajeno pero siendo parte…
Allí, en ese espacio que uno construye idealmente y que cuando se concreta es, en realidad, mejor al imaginado…

…Allí, en esa inmensa nube, mi nube, aunque sea por un ratito, necesito reposar…

martes, 17 de agosto de 2010

Se fue al cielo


DSC02507 [640x480] ¿Por qué cuando alguien se muere se dice “se fue al cielo”?

Porque sigue estando cerca, pero ahora se nos hace inalcanzable.

Porque lo tenemos siempre presente.

Porque es parte de nuestra vida, de nuestra rutina, de nuestra cotidianeidad.

Porque se merece estar en un pedestal, y el cielo es el más alto que conocemos.

Porque todos los días es diferente, aunque sea el mismo… como era ese alguien.

Porque es impredecible, y tiene tormentas y días bellamente soleados… como era ese alguien.

Porque es único, y aunque todos lo compartan, es especial para algunos, para uno.

Porque como no entendemos la muerte, la explicamos con algo superior.

Porque necesitamos seguir sintiendo su brisa, sus ráfagas, sus tornados, y sus brisas de nuevo.

Porque tiene la pureza de las nubes, la belleza de un atardecer, la inmensidad del azul, lo original de los naranjas, la luz del sol.

Porque necesitamos enojarnos con alguien, y muchas veces ese Alguien está allá arriba.

Porque necesitamos depositar nuestras esperanzas en alguien, y muchas veces ese Alguien está allá arriba.

Porque, a pesar del dolor extremo, necesitamos tener el cuerpo erguido, la cabeza levantada y la vista apuntando al horizonte.

Porque no vemos otra forma de explicar el ocaso de una vida, más aún si tenemos vivo el recuerdo de su amanecer.

Porque el día se convirtió en noche… aunque bien estrellada, iluminada.

Porque ahora tenemos un “ángel” que nos cuida.

Porque se adelantó a un lugar donde luego nos encontraremos…. y ese lugar debe ser inmenso.

 

Porque…

…porque cada vez que miremos al cielo, honraremos los instantes que compartimos juntos, aquí en la Tierra.

 

(A la viva memoria de mi querido viejo, todo un ejemplo aquí en la Tierra, y seguro también en el Cielo.)

sábado, 7 de agosto de 2010

La belleza de lo simple


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Nos pasamos la vida buscando aquello que nos deslumbre, que nos revitalice, que nos sorprenda y nos sacuda, que nos rompa los esquemas y nos traiga algo nuevo y mejor…

Esperamos, revolvemos, vamos, venimos, nos metemos por huequitos que se presentan como “salvadores”, huimos, nos fugamos, volvemos a entrar, volvemos a esperar… y mientras tanto, aquello deslumbrante, magnífico, magnánimo… no aparece…

Nos centramos tanto en buscar y buscar, en los ensayos-error, en bajar la cabeza y transitar por la vida por diferentes senderos, que muchas veces nos olvidamos de  observar la enorme, majestuosa, inexplicable y cotidiana realidad que tenemos encima:

 

- ¿El cielo?

- Sí…

- ¿Ese celeste con nubes blancas?

- Sí…

- ¿El de ahora?

- Sí…

- ¿Y qué tiene de especial?

- Que es nuevo cada día, que cambia de colores y de formas, que preanuncia, que nos evoca recuerdos, que nos traslada a lugares mágicos, que nos invita a soñar, que nos cambia la perspectiva, que nos hace saber pequeños en este universo, que nos protege, que nos acompaña incondicionalmente, que nos condiciona la vida, que marca los ritmos, que ilumina, que oscurece, que nos despierta a la mañana y nos arropa a la noche, que…

 

…que nos recuerda la belleza de lo simple,

de lo que tenemos al alcance de los ojos…

Sólo es cuestión de levantar la mirada…

domingo, 18 de julio de 2010

Un amarillo para contemplar


Existen esos momentos –y si no existen deberían inventarse- en lo que esos lugares comunes a los que estamos tan habituados, se transforman, cambian, mutan hacia otras alternativas, se revisten de otro color… 

 

Y entonces todo el cielo pueden volverse amarillo.

 

La primera impresión es de sorpresa; la segunda, de admiración; y una tercera (que no siempre ocurre, a diferencia de las anteriores, pero que si sucede debe ser indefectiblemente después), es de contemplación…

 

…no sólo de ese paisaje único, sino esencialmente de nuestra vida.

 

¿Podemos transitar por la vida sin descubrir estos magníficos cambios de color? Sí… pero si así ocurre, habremos perdido muchas oportunidades de enriquecer nuestra existencia… 

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viernes, 16 de julio de 2010

Un tajo de luz


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En medio de las oscuridades, de las adversidades, de los desconsuelos, de los sinsentidos, de las amarguras… y cuando creemos que se termina el día sin que nada haya roto con esa desconcertante monotonía, allí –justo en ese instante- es cuando se abre una hendija de esperanza en el horizonte (donde todo termina; donde todo empieza).

¿Qué nos pide a cambio? Sólo estar allí. No dejarla pasar inadvertida. Y admirar su silenciosa presencia, tan imponente como serena…

En fin, quedarse quieto –y así saberse humilde- ante semejante esfuerzo de ¿la naturaleza? / ¿el destino? / ¿dios? / ¿Dios'? que termina en un tajo de luz.

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