Mostrando entradas con la etiqueta Gris. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gris. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de abril de 2011

Paisaje gris


DSC08883-1 [640x480]

Quietud. Serenidad. Tranquilidad. Mansedumbre. El fin. El comienzo. La espera. Incertidumbre. Certezas a tientas. Esperanzas. Apegos. Desprendimientos. Luces. Sombras. Tinieblas. Iluminados. Apagados. Donde todo se une. Donde todo tiene sentido. Donde todo ocurre. Desde donde todo nace. Soledad. Necesaria soledad. Inquietante ausencia de ruidos. Por la costumbre de escucharlos. Desconcertante ausencia de colores. Por la necesidad de contemplarlos. Límites difusos. Cortes que se confunden. Agua de vida. Aire de descanso. Ambos vitales. Ambos únicos. Ocasos. Albas. Temores. Deseos. Pérdidas. Posibilidades. Neutralidad. Indecisión. Alegrías. Penas. El bien. El mal. Acogedora frialdad. Metálica calidez. Brillantez…

A veces, los paisajes grises de nuestra vida pueden decirnos mucho. Lo importante es enfrentarlos y apropiarse de sus detalles.

jueves, 7 de abril de 2011

La ramita


SANYO DIGITAL CAMERA

Sólo aquel que lo experimentó algunas vez, lo cree y lo sabe: Siempre, pero siempre, existe aquella ramita que logra sostenernos en medio de las más grises y oscuras tempestades. Siempre aparece en medio de la nada más absoluta. Es la única. Solitaria, resiste para ayudar. Es frágil, anónima, insulsa, diminuta, desnuda, pero igualmente cumple su salvador rol de sostener, elevar, aislar, proteger, cobijar. Sólo se divisa su sombra, que a medida que se extiende se va haciendo más débil aún, más finita, menos resistente. Sin embargo, si decidimos correr el riesgo de llegar hasta la punta, si asumimos la confianza plena que implica morar en ese frágil extremo, habremos ayuda a nuestro destino de salvación. Porque desde allí, desde lo alto, siendo más vulnerables que nunca –por la endeblez de la rama y por nuestra pequeñez ante la tormenta-, podremos volver a ver tierra firme, lugares seguros, primaveras eternas, manantiales de vida. Podremos volver a volar. Y una vez que nos marchemos, la ramita quedará allí, para volver a rescatar a otro que no dude en que siempre, pero siempre, estará para sostenerlo en medio de las más grises y oscuras tempestades.

jueves, 14 de octubre de 2010

Una sonrisa me espera


OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Cabizbajo. Meditabundo. Ensimismado en mis preocupaciones. Así arrastraba mis pies por el cementerio de asfalto, gris y nunca novedoso.

Todo tenía la maldita virtud de transformarse, sin prisa pero inevitablemente, en problemas, en enredos, en atascos, en situaciones insalvables.

Masoquista, me molestaban aquellas alegres y despojadas realidades que azarosamente se cruzaban por mi humanidad, pero no podía dejar de envidiarlas y de intentar –siempre en vano- recordar cuándo había tenido algo parecido.

Los sonidos se agudizaban y me ensordecían. Todo parecía una suma de gritos amplificados a propósito. Hasta el aleteo del picaflor provocaba estruendo.

Ojalá todo hubiera sido al menos negro. Sería un movilizante extremo. Así lo insulso y desesperante del gris habría sido desterrado. Y algo habría tenido algún sentido claro.

Se confundía la intranquilidad, la ansiedad, la impaciencia –todas extremas-, con la pasividad, la apatía, el desinterés –también extremos.

¿La vida?… Cada vez quedaban recuerdos más vagos y distantes de aquello que estuvo en su esplendor.

Las fuerzas se iban agotando. Las pocas que no habían decidido huir sin previo aviso.

Pero (siempre hay un “pero”… inclusive a pesar nuestro), algo o alguien –no recuerdo bien- hizo que levantara la mirada. Lentamente los ojos salieron de su letargo y se elevaron 180 grados, desde el suelo hasta el cielo.

Sin saber bien por qué, vi nuevamente, después de mucho tiempo, un color: era el celeste limpio de la bóveda. Y allí fue cuando vi la sonrisa que el destino tenía preparada para mí…

Hoy, lo gris se va pintando con diferentes matices de rojos, verdes y azules. Y de aquella desolada realidad me quedó una enseñanza: cada vez que los colores quieran desaparecer, sólo tengo que levantar la mirada y descubrir la sonrisa que seguro me está esperando.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Preparados… listos… ¡ya!


La vida se presenta borrosa, la visión en el camino más se nubla, todo se vuelve insulso, sin sentido, monótono, gris, todo alrededor parece lo mismo, sin matices ni condimentos especiales. Uno mira sin ver, uno camina sin admirar, uno transita sin reparar ni siquiera en las obviedades. El futuro es aquello que no sólo es incierto sino que, peor aún, no existe, no se piensa, no se proyecta, no se sueña. El tiempo se paraliza paradójicamente, porque la vida igualmente sigue… e inclusive a un ritmo aún más veloz (“¿cómo, ya pasó?”). Hay menos certezas que las pocas que tenemos habitualmente. O directamente no hay. Ojalá el panorama fuera negro, porque así habríamos llegado al fondo, al límite, y desde allí podríamos retomar. Pero es gris, insípidamente gris, patológicamente gris.

Pero, a pesar de semejante paisaje interno, ocurre que levantando la mirada, colocándola en su ángulo normal (porque estaba apuntando hacia el suelo, detenida en cómo los pies lentamente se resistían a levantarse, se arrastraban), podemos encontrar aquellas señales que nos dan una pista, que nos motivan, que nos cambian la perspectiva, que se destacan por sobre el resto… y que además nos dicen algo aunque no queramos y sin demasiadas vueltas.

Marcan un antes y un después y generan decisiones que, como mínimo, nos ponen certeramente en movimiento: “Largada. Por una vida más sana”, aparece frente a nuestros ojos claramente y en color. Sólo se trata de confiar…

Listos… preparados… ¡ya!

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Otoño en retirada?


¿Entrando o en retirada?

¿Por allí seguirá nuestra vida o es la cola de lo que ya fue?

¿El espacio en claro se cubrirá de líneas entrecruzadas o se despejará del todo?

¿Cuál es la fortaleza de esas ramas? ¿Y la debilidad?

¿Mejor nublado?

¿El otoño se retira, o ingresa con más sombras (y más fuerza)?

…sea como fuere, dentro de todo lo gris, en medio de los cuestionamientos y de los desconciertos, tenemos una certeza: sea mucho o poco, la vida siempre nos deja un margen para proyectar, para cambiar, para soñar, para descansar, para respirar… Y aunque a veces el agobio sea muy grande y las inseguridades mayores, debemos reconocer esos espacios de claridad y allí, firmes, esperar lo que tenga que venir…

…Está claro que el despojo de las ramas desnudas del otoño deben dar paso a la primaveral vida floreciente, pero es igual de claro que ésta no es posible sin aquel. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por dónde?… Nadie sabe, y aunque haya una fecha exacta en el almanaque, sólo el destino se encargará de confirmarlo o de, caprichosamente, modificarlo. Lo que sí puede hacer cada uno sólo es, respetuosa y humildemente, honrar el instante que le toca vivir…

viernes, 23 de julio de 2010

Esa cruz… nuestra cruz


DSC09472 [640x480]No hay un momento preciso en el que aparece… puede estar en cualquier paso o en cualquier espera… suele irrumpir en esos instantes en los que uno dice “qué linda vida la mía”, cuando todo parece armonizarse e ir en el mismo sentido… verlas, observarlas, respetarlas, hacerlas propias, no ignorarlas, no es centrarse en el lado negativo de las cosas, sino darle permiso al destino que nos muestre la otra cara de la historia… Sobresalta, desconcierta, enmudece, entristece profundamente… sí, y genera muchos más sentimientos que generalmente duelen (porque hieren)…

…es esa cruz que se nos aparece de repente…

(que para el resto no es más que un simple elemento en el paisaje (un poste, por ejemplo), pero que para cada uno es un agregado existencial a la vida)

Generalmente aparecen en tonos grises, lo cual –contrario a lo que podría pensarse- es muy beneficioso: nos permite ver claramente los claroscuros, los contrastes… porque las cruces pueden ser muy negras, estar asentadas sobre un horizonte más negro aún…

…pero siempre hay una luz bien blanca y clara que la ilumina detrás.

miércoles, 21 de julio de 2010

¿Le alcanzás el pincel?


Hoy está tan descolorida que parece normal que sea gris…
Los blancos y los negros la dominan, sin que otro color pueda mezclarse…
La de todos y todas es igual, uniforme (¿o sin forma?), apagada, lúgubre…
Parece que naturalmente no hubiera tenido color, y que sea normal que no lo tenga…
Su única razón de ser es como paso hacia los “verdaderos, brillantes y deslumbrantes tonos”…
Es tan gris que parece que ya no es… o por lo menos perdió mucho de su esencia…

…hablo de la Infancia, del ser niño,
de aquello que
–más allá de ser distinto a otras épocas-
debería pintarnos y mostrarnos la vida desde la inocencia,
desde la mezcla de colores olvidados…

…y hoy está cada vez más lejos de lograrlo…

Pero… hay una señal de esperanza que insiste en salvar esta hermosa y necesaria etapa de la existencia humana:

El color de la infancia copia
¡Atención!. Se acerca un niño con un pincel dispuesto a garabatear el papel (y con él, la mesa, la silla, la pared, su ropa, la de los que están al lado, y un largo etcétera…)…

Y en ese instante casi mágico y sublime, cuando las cerdas mojadas tocan la superficie que creímos siempre gris, allí es cuando vuelve el color…

- ¡Se me cayó el pincel!
“¿Se lo alcanzás?”
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...