jueves, 7 de abril de 2011

La ramita


SANYO DIGITAL CAMERA

Sólo aquel que lo experimentó algunas vez, lo cree y lo sabe: Siempre, pero siempre, existe aquella ramita que logra sostenernos en medio de las más grises y oscuras tempestades. Siempre aparece en medio de la nada más absoluta. Es la única. Solitaria, resiste para ayudar. Es frágil, anónima, insulsa, diminuta, desnuda, pero igualmente cumple su salvador rol de sostener, elevar, aislar, proteger, cobijar. Sólo se divisa su sombra, que a medida que se extiende se va haciendo más débil aún, más finita, menos resistente. Sin embargo, si decidimos correr el riesgo de llegar hasta la punta, si asumimos la confianza plena que implica morar en ese frágil extremo, habremos ayuda a nuestro destino de salvación. Porque desde allí, desde lo alto, siendo más vulnerables que nunca –por la endeblez de la rama y por nuestra pequeñez ante la tormenta-, podremos volver a ver tierra firme, lugares seguros, primaveras eternas, manantiales de vida. Podremos volver a volar. Y una vez que nos marchemos, la ramita quedará allí, para volver a rescatar a otro que no dude en que siempre, pero siempre, estará para sostenerlo en medio de las más grises y oscuras tempestades.

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