miércoles, 15 de septiembre de 2010

Preparados… listos… ¡ya!


La vida se presenta borrosa, la visión en el camino más se nubla, todo se vuelve insulso, sin sentido, monótono, gris, todo alrededor parece lo mismo, sin matices ni condimentos especiales. Uno mira sin ver, uno camina sin admirar, uno transita sin reparar ni siquiera en las obviedades. El futuro es aquello que no sólo es incierto sino que, peor aún, no existe, no se piensa, no se proyecta, no se sueña. El tiempo se paraliza paradójicamente, porque la vida igualmente sigue… e inclusive a un ritmo aún más veloz (“¿cómo, ya pasó?”). Hay menos certezas que las pocas que tenemos habitualmente. O directamente no hay. Ojalá el panorama fuera negro, porque así habríamos llegado al fondo, al límite, y desde allí podríamos retomar. Pero es gris, insípidamente gris, patológicamente gris.

Pero, a pesar de semejante paisaje interno, ocurre que levantando la mirada, colocándola en su ángulo normal (porque estaba apuntando hacia el suelo, detenida en cómo los pies lentamente se resistían a levantarse, se arrastraban), podemos encontrar aquellas señales que nos dan una pista, que nos motivan, que nos cambian la perspectiva, que se destacan por sobre el resto… y que además nos dicen algo aunque no queramos y sin demasiadas vueltas.

Marcan un antes y un después y generan decisiones que, como mínimo, nos ponen certeramente en movimiento: “Largada. Por una vida más sana”, aparece frente a nuestros ojos claramente y en color. Sólo se trata de confiar…

Listos… preparados… ¡ya!

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