lunes, 10 de octubre de 2011

Dar en el clavo


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Tener un sostén.

Fijar algo en medio de arenas movedizas.

No perder de vista lo esencial.

Tener una última y única esperanza.

Confiar en lo herrumbrado y viejo, justamente por ello.

Aprovechar su paciente experiencia y su humilde sabiduría.

No ver otra cosa.

Enfocarse exclusivamente en un punto.

Hallar lo que rompe la estéril monotonía.

Poner negro sobre blanco.

Encontrar un sentido.

Descubrir el para qué.

Adivinar el por qué.

No cuestionarse el cómo.

Aprovechar el instante.

Rescatar lo fundante de lo sencillo.

Aferrarse a la solitaria certeza.

Entregarse a su profundidad, esa que nos va a sostener.

Arriesgarse. A pesar del panorama.

Saber que el momento no es eterno, pero que es ahora.

Eso, todo eso, es dar en el clavo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Sólo un barrilete


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Vaya engaño en el que caemos. Nosotros solos.

Subimos.

Creemos que estamos en la cima.

Nos creemos libres.

Admiramos desde arriba.

Subimos más.

Reconocemos la pequeñez desde nuestra grandeza.

Somos dueños del viento. Lo aprovechamos. Lo hacemos carne.

Nada nos detiene.

Subimos más aún.

Las nubes son testigos de nuestro vuelo.

Volamos sin pausa.

Nos admiran desde abajo. Se divierten con nuestra hazaña.

Subimos mucho más aún.

Somos dignos de admiración, de asombro, de contemplación.

Nuestro ascenso es sereno pero firme.

No hay tope.

Subimos tanto que casi alcanzamos el lugar Divino.

Sin embargo, sólo basta con que alguien empiece a recoger el hilo que nos hizo caer en esta ilusión, para volver a ser un simple pedazo de tela y papel, tirado, inmóvil en el piso, sin posibilidad de ni siquiera una leve inclinación.

Nos engañamos solos. Creemos haber alcanzado la cúspide cuando en realidad un hilo y un amo gobiernan nuestras ilusiones. Que se enrollan, se guardan y se archivan a la espera de su voluntad.

En fin, sólo fuimos meros barriletes.

¿Lo seguimos siendo?

sábado, 27 de agosto de 2011

La vida en la palma de la mano


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Dar una mano, extender el brazo, acercar, alejar. Todo termina en ella.

Tiene infinitos caminos. Algunos más nítidos que otros. Todos transitables, todos como opciones, ninguno como único.

Expone huellas de cada ayuda, cada negación, cada encuentro estrecho, cada saludo distante.

Sus arrugas denotan la experiencia; experiencias que dejaron sus marcas.

Las líneas, que se entrecruzan a cada instante, muestran firmeza, bondad, transparencia, descanso.

Contiene esencias de nuestra identidad, de nuestro ser, actual y pasado, que preanuncian lo que podemos ser, lo que no queremos ser, lo que dejamos de ser.

Sostiene, palmea, empuja, frena, alienta, advierte, abraza, moviliza, acaricia, golpea, se rinde, se levanta, invita, destruye, edifica.

Cuando se esconde o se cierra, es signo de escudo, de debilidades, de renuncias; cuando se levanta o se muestra, es signo de presencia, de cambio, de entrega.

Aprende a dar, recibiendo.

Es una de las primeras formas de explorar el mundo.

Necesita y la necesitan, pero su esencia está en lo segundo.

Es siempre igual, es siempre distinta.

Es única.

La vida tiene su metáfora en la palma de nuestra mano.

domingo, 21 de agosto de 2011

Infancia monocromática


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Hoy está tan descolorida que parece normal que sea gris…

Los blancos y los negros la dominan, sin que otro color pueda mezclarse…

Encima, lo oscuro le gana terreno a lo claro…

Todas son iguales, uniformes (¿o sin forma?), apagadas, lúgubres…

Parece que es normal que no tenga color…

…hablo de la infancia, del ser niño,

de aquello que

debería pintarnos y mostrarnos la vida desde la inocencia,

desde la mezcla de colores olvidados.

 

Hoy la niñez perdió mucho de su esencia… sin embargo, debemos aprovechar los vestigios de luz que quedan para revertir esta infancia monocromática.

lunes, 8 de agosto de 2011

La primer muerte de Eros (el Amor renace)


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Yace inmóvil. Solitario. La muerte lo ha acercado peligrosamente a la condición humana. Se trata de su primera muerte, la que ha paradójicamente va a demostrar su poder divino.

La humildad es una de sus particularidades más admiradas. En su esplendor y en su ocaso: la mantiene al ser presa de la muerte. Simples otoños conforman su corona improvisada; la nobleza de la madera contiene la suya.

Ojos entreabiertos. Supuestamente inanimados. ¿Descansando de su misión? ¿Meditando sobre su primera experiencia con la muerte? ¿Despertando? ¿Esperando? ¿Contemplando su final? ¿Recordando su origen en el inicio de su epílogo?

- Diótima (a Sócrates): Siendo hijo, pues, de Poros (la Abundancia) y Penía (la Pobreza), Eros se ha quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre.

Igual que el Amor…

- Diótima (a Sócrates): Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista.

Igual que el Amor…

- Fredo: En resumen, pues, yo, por mi parte, afirmo que Eros es, de entre los dioses, el más antiguo, el más venerable y el más eficaz para asistir a los hombres, vivos y muertos, en la adquisición de virtud y felicidad.

Sin embargo, Eros ha muerto. Por primera vez. Y con él ha muerto su fruto, su obsequio, si razón de ser. Ambos eran poderosos, divinos, omnipresentes, audaces, bellos, únicos, sencillos, mágicos, inexplicables… Eran. Ahora quedan reducidos a la simple y lastimosa contemplación mundana.

¿Dónde queda la esperanza? ¿No hay nada más? ¿Eros y el Amor desaparecen? ¿No se transforman? ¿No se repiten? La sabiduría tiene la respuesta que demuestra que la primera muerte de Eros es parte de su condición divina:

- Diótima (a Sócrates): No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre.

Eros renace; y con él su obra.

 

Obra: Iván Vianello / Texto: Pedro Figueroa

Obra conjunta realizada con Iván Vianello –artista plástico- para la Muestra Colectiva “Imagen, poesía y música” – Galería de Arte / Paseo del Buen Pastor / Ciudad de Córdoba / Argentina – Agosto de 2011.

miércoles, 13 de julio de 2011

Puertas que no se abren


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Cuando se presentan frente nuestro, muy pocas veces reparamos en ellas. Más bien nos centramos en lo que hay o habrá detrás, en lo que esconden, en lo que aíslan, en lo que protegen, en lo que prometen.

Son esas puertas herméticamente cerradas, tanto que parece que nunca más volverán a abrirse. Su apariencia, pacientemente inmóvil, hace pensar en que dejaron de ser puertas para convertirse en muros.

Sin embargo, si uno las mira con detenimiento, nota que son bellamente complejas. Intensamente elaboradas. Con guardianes que custodian lo que entra, lo que sale, lo que pasa. Son muy celosas de sí mismas. Y contrario a lo que uno podría pensar, no se interesan tanto en lo que hay delante o detrás. Son ellas las protagonistas, las que deben franquearse.

Cuidadosamente trabajadas, robustas e imponentes, presentan detalles que hacen dudar de su condición: no tienen llaves, ni cerraduras, ni manijas, ni picaportes. Sólo parece que se abrieran con un simple empujón. Aunque –advertimos por si alguien quiere intentarlo- mientras uno más empuje, mayor será la cerrazón de la puerta. Mientras más fuerza hagamos, menor será el éxito de abrirla. Mientras más golpeemos, mayor será la resistencia.

¿Cómo se abren, entonces? La clave está en la misma paciencia que ellas tienen para permanecer. Se abrirán, sí, pero en el tiempo que ellas consideren. Cuando madura la espera, la tranquilidad, la confianza, la esperanza, allí es cuando deciden aflojar sus cerrojos y permitir el traspaso.

Cuando uno deja de pelear contra el tiempo y las circunstancias, allí es cuando las puertas dejan de ser invencibles.

sábado, 18 de junio de 2011

Ser Padres


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Fuertes y serenos. Pacientes y sin pausa. Robustos y sensibles. Imponentes y frágiles.

Con raíces fuertes, que a su vez se alimentan de otras.

Bien plantados en el suelo, firmes, altivos, eternos.

Cobijan, dan sombra. También dejan pasar la luz, permiten, liberan.

Protegen las debilidades de los inviernos y admiran las maravillas de los veranos.

Harán crecer frutos a su alrededor, con fortaleza, sin invasiones.

Tienen la humildad para observar, la grandeza para actuar, la serenidad para esperar.

No sobresalen. Comparten, entregan, reciben.

Sus reflejos cuidan, sus ramas dosifican lo vital: el agua, el aire y el sol.

La trascendencia no está en la altura, sino en la capacidad de ver lo pequeño.

Son complemento.

Necesitan para ser necesarios. Viven dignos para dignificar la vida. De los otros primero.

Temen pero enfrentan. Tiemblan pero no decaen. Resisten las tempestades en nombre del resto.

Conocen su misión: amparar, guiar, sentir orgullo por sus frutos.

La simpleza, la seguridad, la practicidad. Sus tres mejores virtudes. Y defectos.

Sufren y permiten sufrir, sabiendo que en el sufrimiento estará el crecimiento.

Enseñan a enfrentar los dolores justo en el momento en el que se perciben.

Ven la vida con los ojos de la sabia inexperiencia que da la naturaleza: el instinto racional.

Se saben dadores de vida. Siempre con su complemento. No desde un principio, a veces algo tarde.

 

Todo esto es ser Padre. Así, tan maravilloso como desafiante.

sábado, 4 de junio de 2011

Veletas inanimadas


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Somos veletas inanimadas. ¡Vaya contradicción! Vamos para donde va el viento, sin resistencia ni trabas; y al mismo tiempo inmutables esperamos la nueva ráfaga que nos hará cambiar de dirección.

En ese proceso nunca nos preguntamos nada, nunca cuestionamos, nunca dudamos, siempre obedecemos.

Como simples títeres del tiempo y de sus inclemencias, vamos girando para no contradecir las órdenes que vienen de un huracán o de una leve brisa. No importa el origen ni la intensidad, la cuestión es siempre dejarse dirigir sin más expectativas que la espera de la próxima ventisca.

Somos totalmente funcionales a las necesidades de otros, y por si fuera poco apuntamos al resto hacia esa dirección, buscando arrastrar al resto hacia la misma volatilidad y anulación de sus decisiones.

Sí, tenemos bien marcados los puntos cardinales, nos ubicamos perfectamente, no nos desorientamos, pero a la hora de aprovechar estas ventajas las dejamos de lado porque una nueva corriente de aire nos cambió el rumbo.

Nuestro Norte nunca es el mismo; ni siquiera es nuestro.

Estamos en la cima de todo, sí, pero eso no nos permite ver que justamente estamos allí para ser manejados por los vientos, que son los verdaderos dueños de nuestro destino.

Giramos sobre nuestro propio eje, creyendo que así ya tenemos distintas visiones de la vida, a la que vemos desde arriba y siempre desde la misma posición. Porque además de a la deriva, estamos anclados.

Siluetas anónimas sin poder de decisión sobre nosotros mismos. Eso somos. Y allí siempre hay alguien para ocupar la dirección de nuestra vida. El viento sigue soplando y nosotros seguimos dando vueltas hasta que un nuevo halo nos dirija hacia otra dirección.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La vida es un juego


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Hay que tomar riesgos.

Hay instantes que no podemos manejar.

No todo depende de nosotros.

El azar hace su parte, pero requiere de nuestra decisión.

Hace falta un poco de valentía, de riesgo.

Es un riesgo a veces ciego, a veces mínimo, a veces confiado, a veces esperanzado.

Debemos completar todas las fichas.

Cada ficha es única; cada instante es único; cada turno es único.

La derrota es una alternativa tan cierta como la victoria.

De ambas aprendemos.

Completar los casilleros en nuestra misión, pero cada uno tiene un tablero distinto.

El orden lo determina el tiempo; el ritmo lo imponemos nosotros.

Al inicio parece una eternidad; el final se acelera la impaciencia.

Se comparte.

El mayor logro es compartir. Igual que transitar.

El tablero vacío es signo de utopías; lleno, es símbolo de etapas cumplidas.

Siempre hay un casillero difícil, rebelde, ausente, negado.

Pero lo importante es ver el camino recorrido, y no lo que falta.

Algunas veces termina antes de tiempo; otras pateamos o nos patean el tablero.

Pero, a pesar de todo, seguimos.

Porque… LA VIDA ES UN JUEGO QUE MERECE SER JUGADO.

domingo, 1 de mayo de 2011

¿Será así?


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Sí, los límites se van abriendo y las hendijas son cada vez más grandes. Los espacios diminutos por los que espiábamos la libertad se van agrandando y ya la divisamos en el horizonte. Aquello que tanto anhelábamos está bien en frente de nuestros ojos. La visión nos permite distinguir los colores; las formas aún no. Está todo predispuesto para que la liberación sea total: el encuentro con los sueños es casi una realidad…

Sin embargo, por esas cosas inentendibles de la esencia humana, y quizás por haber pasado tanto tiempo en penumbras, todas nuestras energías y ansiedades están puestas en esos bordes irregulares que nos recortan el amanecer de nuestra vida, y no en el mismo inicio del día que se asoma.

Paradójicamente, mientras más nítidos son nuestros límites, más borrosos son nuestros sueños; mientras más perdurables son nuestros márgenes, más efímera es la posibilidad de concretarlos. De esos oscuros marcos conocemos cada detalle, pero mientras más nos centramos en ellos, menos es el tiempo que tenemos para ser libres.

Deseamos eternamente con un nuevo día; ahora que está enfrente, corremos el serio riesgo de dejarlo pasar… ¿será así?

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