domingo, 15 de agosto de 2010

Púas


Lo que queremos alcanzar, lo que deseamos, lo que ya vemos y hasta pensamos como propio, lo que casi tenemos al alcance de la mano… eso es lo que paradójicamente más duele conseguir.

Los últimos tramos hacia lo anhelado suelen ser los que más exigen de nosotros, los que más requieren de nuestra atención y discernimiento, los que nos piden no confiarnos creyendo que ya todo está hecho…

Para que aprendamos, la vida tiende siempre a darnos todo de sí, inclusive aquello que hiere, que cala una cicatriz profunda y que nos marca para siempre… las púas del destino aparecen cuando menos las esperamos, cuando más vulnerables estamos, cuando más descansados está nuestra guardia…

El grito de dolor al cruzar esa barrera de espinas de acero es la muestra más clara de que estamos vivos, y de que nos encontramos a sólo unos pasos de lo soñado… no cruzar las púas, por más que sepamos que nos van a herir, es convertir en inútil todo lo caminado: asumiendo los mayores cuidados posibles, para alcanzar aquella bella y roja flor debemos atravesar esos hostiles alambres con punta afilada…

…y recién allí, con la ropa rasgada y el orgullo en alto, podremos descansar y disfrutar…

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