domingo, 29 de agosto de 2010

¿Querés uno?


Antes de empezar a escribir, pongo la pava…

 

Invita. Escucha. Da sin pedir nada a cambio. Es excusa. Es motivo. Es causa. Es consecuencia. Es para todos. Es único. Es igual. Es diferente. Se disfruta. Deja huellas. Endulza las amarguras. Desempalaga los excesos. Reúne. Aísla. Lleva a mundos lejanos. Trae a la realidad. Mata el tiempo. Congela el tiempo. Acelera el tiempo. Calma ansiedades. Despierta. Ayuda a dormir. Es barato. Se acompaña con ricuras. O se toma solo. Acepta intrusos según el gusto del autor. Genera momentos trascendentes. Queda en la memoria. Se necesita. Se extraña. Se añora. Se desea. Se repite. Halaga. Es signo de cercanía. De encuentro. De amistad. De hospitalidad. Es amigo del agua. Enemigo de la que hierve. Es amigo de la amistad. Enemigo de los desencuentros. No tiene horario. A la siesta es el mejor. Y a la tarde. Y a la noche. Y en los desvelos. Y en el desayuno. Si llega a la cama es porque hay amor. Si se guarda es porque no se usa. Si se lleva y se trae es porque es esencial. Es testigo de desvelos. De estudios. De fracasos. De éxitos. De proyectos. De más proyectos. Y de más proyectos. Tiene magia. Tiene arte. Tiene mañas. Tiene secretos. Tiene tradiciones. Tiene “se hace así y punto”. Tiene “así me gusta a mí”. Tiene en cuenta al otro. “¿Cómo te gusta?”. Y el otro tiene en cuenta al que sirve. “Como venga nomás”. Cuando alguien dice “no gracias, no tomo”, algo no está bien. Marca el final “gracias por ahora”. O el inicio “poné la pava”. Marca el final o el inicio del encuentro. Es un encuentro íntimo. Se comparte la intimidad de la bombilla. De la mesa. De la casa. De la vida. Se queda adentro. O sale. Y cuando sale, es de todos. Todos son de todos. Y es motivo de ronda. Y la ronda une. Cuando hace frío, ideal. Cuando hace calor, ideal. Cuando llueve, ideal. Cuando hay viento, ideal. Cuando está nublado, ideal. Es lo que no hay que olvidar. Es lo primero que hay. Es lo que siempre hay. Es lo que no falta. Ni como adorno. Ni como regalo. Ni como recuerdo de un viaje. Ni como herencia. Se hereda la forma de tomarlo. Los tiempos. Los momentos. Las ganas. La manera de hacerlo. “Así es la mejor”. Cada una es la mejor. Uno sólo basta. Pero si vienen más, mejor. “Para no quedarse rengo”. “La avivada” es tomar dos seguidos. Lo fundamental: la bombilla. Limpia y sana. Como el instante que provoca. Luego la yerba. Suave. Endulzada. Fuerte. Con palos. Sin palos. Aromatizada. De saquitos de mate cocido. Todo vale. La cuestión es que guste. Y que pase desapercibido. Porque uno lo tiene en la boca sin pensar. Inconscientemente. Como extensión de un brazo. Recibe. Toma. Trae. Lleva. Ceba. Cambia la yerba. Pone de nuevo el agua. Sigue la ronda. Saltea al que dijo “gracias”. Pero todo es tan natural como respirar. Es necesariamente mecánico. Porque pone todas las fuerzas en acercarnos. En hacernos humanos. En confirmarnos como rioplatenses. Como celestes y blancos. Como hermanos. De sangre. Y de yerba…

 

…perdón, pero tengo que dejar de escribir antes que se hierva el agua.

Lleno el termo y me dispongo a cebar el primer amargo de la tarde.

Como siempre, el mate fue la excusa, en este caso para describir parte de su esencia…

¿Querés uno?

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