jueves, 9 de septiembre de 2010

Cumpleaños de mi ciudad: Momento II “En detalle”


Mi ciudad, mi lugar en el mundo, cumple un año más.

Ya dijimos que es un buen momento para hacer una introspección sincera, humilde, real, despojada y desinteresada. Y que para ello lo primero era revelar nuestro hoy en una imagen del ocaso, lo más panorámica y anónima posible. Mirar desde lejos.

¿Lo segundo?… Lo segundo es el complemento necesario de aquello, pero implica mucho más esfuerzo, mucho más compromiso y muchas más fraternidad. Se trata de acercarse al detalle, de ver las imperfecciones, de apuntar el ojo a lo que generalmente no se ve, lo que se mantiene oculto y desconocido si nos quedamos sólo con esa mirada panorámica y general (necesaria por cierto, pero nunca completa).

Y cuando uno y todos nos detenemos a observar lo que nos hace únicos, irrepetibles y propios en este rincón en el planeta, allí es cuando los fuegos artificiales, los estruendos, los silencios cómplices, el disimulado desinterés por el otro, la excusa de “se hace lo que se puede”, la ausencia de proyectos en común, las ineficiencias, los encierros (en un cargo o en nuestras casas), las vendas en los ojos, en la boca y en los oídos (para que “aquello” no me toque, no me llegue), las manos atadas… por uno mismo, las ansias (desmedidas pero camufladas) de poder eterno, la pasividad o la vorágine, el “no te metás” o el “metele, no seas gil”, los reclamos enmudecidos y comprados, la vacía apariencia, la bonita cáscara sin contenido, los enquistamientos, los extremos (todo o nada) cada vez más marcados y cada vez más afianzados, la ley que vale para los otros pero nunca para uno, los derechos que son de uno pero nunca para los otros… todo esto y más se pone en evidencia.

Sólo es cuestión de pararse en frente y notar que a las letras de nuestro nombre le faltan algunas, y que aún hay grises que todo lo bañan. Estamos incompletos, hay ausencias y nuestra realidad necesita de reparaciones.

- Pero si sólo son dos letras…

- Justamente. Y aunque fuera una sola, eso no debería dejar de llamarnos la atención. Si tomamos como natural una ausencia es que a alguien hemos excluido. Y la razón de ser de una ciudad (lo “en común”) comienza a desaparecer.

La única manera de completarnos es viéndonos en detalle…

¡Feliz aniversario Río Tercero!

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