domingo, 25 de julio de 2010

Salida


No había… pero sabía que era posible.

Tuve que forzar el destino para que apareciera, sabiendo siempre que vería algo muy parecido a la normalidad.

No esperaba nada deslumbrante, porque la sola idea del escape era lo que más me maravillaba… y a la vez era lo que me mantenía sereno, con capacidad de pensar claramente, y en esencia, vivo…

Varios extinguieron su existencia en el intento; otros –muchos- dejaron este lugar sin siquiera haber probado (ni deseado); y un tercer grupo fue un soñador eterno, que repetía “algún día…”, y eso es lo único que hacía…

El lugar no era malo, ni tenebroso, ni lúgubre, ni molesto, ni incómodo… pero era sinsentido, insulso, calladamente chato…

 

No había salida… pero sabía que era posible.

Junté fuerzas.

Debo admitir que tenía miedo… miedo al riesgo y a las consecuencias…

Tomé todo el aire reservado durante los largos suspiros de mis compañeros.

Miré por última vez ese lugar (lo que confirmó mi decisión).

Soñé. Como siempre. Con más fuerza que la última vez.

Invité al resto… todos decidieron quedarse.. mirar…

 

DSC05329 [640x480]…Y rompí ese límite, ese techo, esa barrera…

Ni bien se quebró apareció la normalidad del cielo: bien celeste con nubes bien blancas.

¿Cómo lo rompí? ¿Con qué?… Algunas de las preguntas que hoy no logro aún responderme.

Lo que sí sé es que quedó una salida para los otros.

Lo que no sé es sí los demás la aprovecharon.

Quiero pensar que sí. Tengo casi la seguridad que no.

Creo lamentablemente que siguen mirando, adormecidos, soñando una salida que tienen ante sus ojos.

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